domingo, 30 de enero de 2011

La muerte y el muchacho

Estaban juntos, mirando al horizonte desde lo alto de un barranco, la inmensidad condensada en una negra sombra y aquel pequeño muchacho. La inmensidad esperaba con eterna paciencia a que el muchacho hiciese lo que había ido a hacer ahí, entregarle su vida. Podía verse en la triste mirada de aquel jovencito la entereza que irradiaba desde lo mas hondo de su alma. No tenía miedo, puesto que todo lo que había vivido en los últimos tiempos era más temible que saltar a ese gran agujero, y podía decir que la muerte haciéndole compañía después de estar tan solo era algo reconfortante.

Después de un largo silencio, la muerte contempla al muchacho, quien da un paso hacia atrás aún con la mirada al horizonte:

>¿Y bien? - Pregunta la muerte.
>He decidido no hacerlo. - Dice el muchacho.
>¡¿Pero porqué has decidido eso?! - Replica la muerte sorprendida. - Si has venido hasta aquí, hasta este desolador punto de la nada para acabar con toda esta desgracia que te circunda, ¿me dirás acaso que te has acobardado?
>No. - Contesta el chico. - No se trata de eso, no te temo, mírame a los ojos y sabrás que no miento.
>Veo que no me mientes, sin embargo, ¿cual es la razón por la cual no deseas abandonar todo esto, el inmenso dolor que crece día con día dentro de tu ser, la inexorable agonía del abandono, el infinito sentimiento de olvido que ahoga tus entrañas? Sabes que ponerle fin a todo esto no significa ningún mal, no hay nada que temer. - Arguyó la muerte.
>Lo sé, y sin embargo he decidido que no quiero. - Aseguró el muchacho.
>¿Sabes que volver ahí significaría una locura no?, te han quitado todo, tus esperanzas, tus sueños, incluso tu presente no vale nada, y esa persona por quien tú morirías, te ha traicionado y abandonado, ¡ahora se ríe de ti! - Replicó la muerte. - y, - continuó - francamente, me preocupará mucho tu haber el día de mañana si me permites el atrevimiento de mencionarlo. Mejor descansa mi querido muchacho, entrega a mis brazos tu amargura y descansa, yo no deseo verte sufrir más, ni a ti ni a nadie. - Dijo tiernamente al muchacho, como si un padre profesase amor hacia su hijo.
>Por eso mismo quiero regresar. - Dijo el muchacho firmemente. - Porque, aunque no tenga ninguna esperanza y me hayan quitado todo, soy dueño de lo que queda, de mi cuerpo, mi vida.
>¿Y que harás con eso? - Preguntó la muerte.
>No lo sé, al menos seguir ahí, verdaderamente no lo sé, sin embargo ahí estaré. - Agregó - no quiero dejar de sentir aún. Dejarme acariciar por esa brisa que viene de allende las fronteras, divisar la luna en el horizonte, sentir la tierra en cada paso, eso me pertenece.
>También el dolor. - Advirtió la muerte, triste.
>También el dolor, es mío, ya veré que hacer con eso, al menos ignorarle, olvidarle, ser más fuerte, vengarme, lo que sea me pertenecerá solo a mí. - Agregó - total, más en el fondo no puedo pisar, he venido hasta aquí a verte ¿no?.

La muerte, algo melancólica por lo que acababa de oír, se sentó en el borde del horizonte y le pidió que la acompañase; una vez que ambos estuvieron ahí, contemplando la nada durante algún tiempo esta le dijo dulcemente al muchacho:

>Debes saber que el morir o el vivir es casi lo mismo, de hecho, no hay nada en el otro lado que pueda hacerte sentir peor de lo que te sientes ahora entre los vivos, sin embargo, la única diferencia es que no estarás a mi cuidado sino hasta que sea tiempo, aquí tu eres amo y señor de tus acciones, alegría, sufrimiento, ira, venganza, un ser "libre", solo pero libre. En mis brazos eso ya no existe, amo demasiado a todo ser como para dejar que sigan sufriendo. Ahora, si has decidido abrazar esta vida, solo te doy este consejo, vive intensamente lo que tengas que vivir, aprende de tu dolor y de tu sufrimiento para ser mejor. Sé un guerrero, un mago, un santo o un ladrón, a mis ojos no hay distinción alguna. Lucha en esta vida por encontrar el verdadero amor, pues resulta divertido encontrar algo que es escaso; y si llegas a envejecer y te encuentras en soledad, tienes mi solemne promesa de que el amor que no encontraste no te faltará aquí, ni el de una pareja, ni el de un padre, ni el de un amigo. Si te interesan la justicia y la virtud, puedo decirte que la que experimentarás ahí es solo una pequeña prueba de lo que te espera, si no, deja de temer, que no existe castigo alguno en mi seno.
>Yo deseo ser feliz - Agregó el muchacho con lágrimas cayéndole de los ojos. - Aunque odie, aunque me duela tanto vivir ahora.
>Y lo serás, pues es lo que verdaderamente buscas, que no te confunda el presente, todo es una ilusión. Al menos como dices, te perteneces a ti mismo. 

Después de esto, ambos quedaron en silencio algún tiempo contemplando a las montañas ser bañadas por la luz de la luna, y sintieron como ese aire eterno revoloteaba al rededor de sus presencias, una sonrisa algo triste pero nacida desde el fondo del alma aquel joven iluminó la mirada sombría de la muerte.

>Debo irme - Dijo el muchacho secándose las lágrimas de los ojos - Ya es tarde y el camino de regreso es algo largo.
>Vete ya. - Responde la muerte sin dejar de mirar al horizonte.
>Gracias, y hasta pronto. - Dijo el muchacho.
>Recuerda que te amo. - Sollozó la muerte. - En verdad les amo a todos, mis valientes. -Fue un leve suspiro que salió del viento, después nada.

El muchacho se encaminó a su retorno, aún con dolor en el alma, pero con los bríos suficientes para soportarlo y seguir con vida, esa vida de la cual se sabía dueño, pensaba en su objetivo, el cual consistía en encontrar otro camino, otro sendero infinito como el que cada uno de nosotros cruza a cada instante.


lunes, 24 de enero de 2011

Disclaimer...

Y sentiré lo que siento eternamente, interminable melancolía, pero por ese desprecio que profesas, tan cobarde, tan injusto, me rehúso a minar mis días con el velo de tu insignificancia, vana y humana insignificancia, carcasa vacía, marioneta hipócrita. El perdón queda absolutamente fuera de toda discusión. Que la negrura espesa del olvido te trague cada día más, hasta que te hundas en la nada; que lo que es verdaderamente eterno apuñale constantemente a la consciencia frágil -esa verdad difusa- hasta la descomposición de las entrañas, y más allá; que no vea tus alas caer, sino solo me deleite con el alarido apagado hasta perder el interés, ahí donde tus tentáculos no puedan alcanzarme nunca más. Desprecio tu presencia, muerte ajena.


Disclaimer: Es mi puto blog, escribo lo que se me venga en gana, si a alguien no le gusta, que se joda, pero no me venga a dar clases de moral cuando en la vida todos hacen mamadas, una tras otra, tras otra, tras otra... Aquí nadie es santo.

sábado, 15 de enero de 2011

Aforismo solitario sobre el amor.

Pareciera que el amor nos supera a nosotros los simples humanos, sin embargo este sentimiento no existiría si no lo hubiésemos creado; la pasión, la fidelidad, el aprendizaje, el eterno perdón del que habla una religión pero más intenso, más verdadero, más grande y su vez más íntimo, profesado como juramento al corazón de otra persona. Si nos cansamos de nuestros esfuerzos por sobrellevar el amor en menos que una vida, imagina lector, ¿si tu dios existiese y fuese igual a nosotros?, ¿no te aterraría saber que quizá hace muchos años ya él se ha cansado de amarnos?, ¿no lucharías o le rogarías por su amor?, ¿no lo haces siempre?. Nunca se cansen de amar, francamente no se engañen, es imposible cansarse de ello.

viernes, 14 de enero de 2011

Hospital

Es interesante ver como el cuerpo se las cobra de algún modo a sazón de la  actitud que cargamos en determinado momento.

El día de hoy me la he pasado en el hospital, comenzando el día con un dolor tan insoportable que solamente puede ser comparado con la manera de sentir la vida que he tenido en estos días. En ese sitio, todo comienza con la más grande incertidumbre, no existe la confianza, solo el mero engranaje normativo, no eres una persona, eres un dato, una cifra, un caso. Cabe recalcar que la impresión primera no se va del todo al transcurrir el día. Después de los primeros momentos de espera, te despojan de tu identidad brindándote otra, la de un recluso sin importancia vestido con un batón verde. Seguidamente surgen como torrentes inesperados grandes flujos de calidez humana, indudablemente te conviertes en el centro de atención, te vuelves la celebridad con una vida que contar; cuidados, preguntas, una plática agradable con una bella pasante; e inmediatamente comienzan las punzadas de dolor en lo que se encuentra la vena indicada para extraer muestras y colocar el suero -ser canalizado es como ellos lo llaman-. Después de 3 intentos errados y dolorosos, algo de alboroto nervioso y esos torrentes anteriormente mencionados de calidez humana, acompañados con el olor penetrante del alcohol, la fría caricia constante del metal clavado en tu mano y los flujo rutilante de solución analgésica, te quedas solo.

La solución gotea lentamente en el catéter, emulando la eternidad con la que fluye el tiempo en este lugar. Al mirar a tu alrededor, te encuentras con los números siguientes, casos más graves que el tuyo se arremolinan en los pocos espacios disponibles y la atención se desmorona en rostros de desesperación, pena y hastío; Sé al mirar todas sus acciones, esmerándose tanto, si de ellos dependiera, se multiplicarían por 1000 y multiplicarían por 1000 kilómetros el espacio en donde nos encontramos para brindarle a todos la misma atención, pero la realidad no es así; somos muchos, y no todos tenemos la misma vocación por cuidar de otros seres humanos. Al transcurrir el tiempo me toca el turno de hacerme placas, no sin antes recibir alguna visita preguntando si todo está bien. Es un momento agradable, la radiación sirviendo en vez de destruir, los sujetos foráneos encargados de la maquinaria, un grupo de agradables enfermeros y médicas pasantes tienen una plática divertida hasta en la cual me veo invitado a participar, la refrescante sensación de haber cometido un error por parte de los encargados me retiene en esa habitación unos minutos más, el hombre cargando su bolsa de suero conectada al brazo se olvida del dolor, no del todo. Afuera de la habitación, incertidumbre y desconsuelo. Regreso al ala de urgencias con mis flamantes placas de rayos X en las manos, ningún médico las revisa siquiera.

Tic, tic, tic, suena sordamente la gotera de mi catéter, me entretengo con mi celular o con una que otra plática con algún otro enfermo, quien casualmente sufre las mismas condiciones de mi padecer, solo que las de él carecen de origen. Siempre lo han carecido según me va contando. Pasa el tiempo, la nueva enfermera con esa típica cara de pocos amigos, parecida a la matrona militar de alguna especie de claustro para señoritas se encarga de lo poco que hay que hacer conmigo ahora. Ella dice a lo lejos que algunos se creen dueños de la situación pero que no hay que dejarse de ellos; eso me confirma lo que su rostro me venía platicando. Acelera la velocidad del suero en el catéter, el líquido fluye a una velocidad desmesurada quemándome las arterias, un sentimiento agri-dulce, algo entre dolor y placer que no puede explicarse con exactitud. Cuando el líquido comienza a terminarse, recuerdo las ocasiones en las que he leído acerca de la mortal capacidad del oxígeno inyectado dentro del sistema circulatorio, un pequeño flujo de aire inyectado en las arterias causa un infarto fulminante, algo también reforzado por algún estúpido pasante de enfermero quien jugó conmigo de este modo alguna vez; mi mente comienza a preocuparse al ver como el líquido va bajando hasta no quedar nada, llamo a la enfermera y esta me cambia el suero, algo más grande y más lento de consumir comienza a fluir por mi sistema. La bella pasante me informa con anterioridad de un ultrasonido al cual nos dirigimos un momento después, ella me hace el favor de llevarme en una silla de ruedas a pesar de haberle dicho que podía ir por mi cuenta; nos divertimos mucho corriendo a algo de velocidad por el pequeño pasillo que nos lleva al cuarto de ultrasonido, que linda y jovial mujercita debo recalcar. Ya ahí, dejado a mi suerte en espera de que me reciban, abre la puerta la médico con quien había bromeado horas atrás en el laboratorio de rayos X, comienza a hacerme unos estudios aseverando que se piensa tengo apendicitis, después de revisar mis entrañas con el equipo revisa que todo está en orden y con los tamaños indicados, inmediatamente ella y su asistente me "morbosean"-¡como más decirlo!- desde mi interior, haciéndole halagos a mi glándula seminal y a lo que pudiera verse de mis órganos reproductivos. La placa sale negativa, y regreso al ala de urgencias nuevamente. Una mujer con el cachete del tamaño de una sandía intenta platicar conmigo mientras se excusa de todas maneras ante su médico para no ser operada, tenía la muela podrida desde el 24 de diciembre y la infección estaba por llegarle al cerebro, sin embargo, ella se mostraba de lo más razonable y saludable del mundo, alegando con sus placas que no veía nada de malo en su boca, es el típico terror de un enfermo que los médicos ya saben leer.

Todo termina con mi salida horas más tarde, pero en ese lugar aprendes una lección importante, de esas que no pueden ser explicadas con palabras, que se imprimen en el alma.

domingo, 9 de enero de 2011

Agüeyquinin

Después de tantos días de andar soportando al psicópata autodestructivo que vive en mi interior, por fin he decidido matarle, o al menos ponerlo en su lugar para que deje de estarme fastidiando con miedos insulsos y fobias autoimpuestas. Si mi salud no ha estado del todo bien es debido a ello, el reflejo primario del cuerpo buscando autoprotección para escapar de una situación de peligro. Las armas con las que el cuerpo dispone para "persuadirnos" son tan imperceptibles y tan peligrosas como andar tirando un cuchillo de doble filo por el aire. 


En mi caso, con mis órganos inflándose a placer con tal de escapar del futuro a unos cuantos días me tiene hasta el copete. A mi cuerpo le ha dado por temer a los seres humanos que me rodean para poder escapar así de mi vida misma, advirtiéndome "el pasado te hizo daño, no dejemos que el presente te dañe". Por eso he decidido darle un hasta aquí a toda esta situación, aunque, viéndolo de otra perspectiva, quizá mi cuerpo haya querido enseñarle esta lección a mi mente tan abyecta en algunas ocasiones, llevando hasta las últimas consecuencias mi salud con la que no se debe jugar para hacerme cambiar de opinión, o más que nada para terminar de ver las cosas desde el punto de vista más razonable y humano.


En resumen, me he quitado toneladas de preocupaciones ya y espero poder continuar con mi vida de la manera más tranquila, que el futuro sea brillante y que la pena no vuela a hacerme olvidar quien en realidad soy.


Hasta entonces.. habrá que dejar de estar, para estar mejor.

viernes, 7 de enero de 2011

Monocromo

Hola, estoy. Esto en base que la vida solo sirve para "estar". Al menos como digo, estoy.

Estos días de principio de año empiezan no del todo mal, siendo positivos sigo respirando y con asignaturas suficientes para no pensar en otra cosa por el resto del semestre, mi capacidad de dibujo va en aumento, han habido momentos divertidos en el transcurso de los días y de salud al menos no estoy muerto. El único problema es que no lo vivo. Así es, desde que me levanto hasta que me acuesto y el sueño me empuja al olvido no vivo ni un instante de lo que sucede a mi alrededor, ¿y todo porqué? porque a mi mente le fascina estar ausente torturándome en el recuerdo, en la impotencia y en la desesperanza de todas las situaciones que ocurren a mi derredor, particularmente de una.

Así que esto trae a otro problema, estoy, pero no estoy, al menos no del todo. ¿Realmente es la vida un sueño? porque honestamente si esto es vivir o estar en el purgatorio preferiría subir a la azotea más alta y saltar para despertar de este estado de vigilia; pero no, me doy un par de pellizcones y sé que al menos no estoy dormido. Cuando despierto estoy dibujando, o jugando videojuegos con mis amigos, o leyendo un buen libro, o inscribiéndome para el curso siguiente en la universidad..

Esta sensación de ralentizar el tiempo es nefasta cuando te miro en la lejanía, todos, absolutamente todos se vuelven sombra, el derredor se obscurece y un par de estelas verdes guían mis pasos en un camino de fango. pero claro, esos destellos son prestados, ni siquiera se percatan de mi existencia en este plano maravilloso y desolador que creo en ese instante, ese infierno de precipicios, peligros y desesperanza que significa la desventura de robar la luz de los ojos, siempre disimulando. Debo agregar que me dan ganas de vomitar, desvarío y solo quiero luchar o huir lo más lejos de allí, pero eso es solo la ansiedad. 

¿Cómo puede pedírseme que continúe cuando yo mismo soy olvido? - Soy el pasado desgarrador de miles de momentos andando por los pasillos de la pesadilla conocida como mi ciudad natal, mi universidad, la distancia; soy el fantasma alcanzado por mis infinitos fantasmas que deambula entre las lúcidas vidas a su derredor, justo detrás, al lado, o a unos cuantos metros de tí. Soy esperanzas acaecidas, soy gris aferrándose fuertemente a la policromía de la vida para no caer en la negrura de la muerte. ¿porqué? hasta ahora no encuentro esa respuesta.


Ojalá pudiera fundirme con esta eterna melancolía y vivir con ella el resto de mis días, para al menos evitarme el sufrimiento cotidiano. Pero no puedo.


Sé que desde mi momento nunca alcanzaré la velocidad a la que viaja tu cuerpo, y tal vez te extingas a la lejanía de una verdadera estrella de mí. Aún mi corazón se cansa de viajar tan rápido como puede solo para rozarte con una fugaz caricia, darte un beso de buenas noches casi imperceptible. Y aún así no me atrevo a reclamar lo que el corazón grita desesperado, porque a la velocidad que mi vida gira, la velocidad de la eternidad, no se le permite detener el destello de tu andar, el rápido suspiro de haberte tenido en mis brazos, semejante a la cálida brisa de la playa en una noche de verano, no lo suficientemente veloz para negar cuanto se ha vivido, ni para desaparecerte en el olvido.


Te quiero. Aunque me haya quedado atrás por desidia y ahora escarmiento, aunque hayamos sido partícipes de tanto dolor; aunque el ahora haya dejado de ser el ayer, aunque seamos solo un par de extraños, aunque mi calor ahora sea menos que un recuerdo borroso, aunque me odien, me odies y me odie por tanto que se ha dicho, aunque ya no se encuentre nada en esa infinita mirada esmeralda para mí, aunque ya no me quieras. Te quiero.


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-¡Que bello es el amor!-
¡Que bello es maldita sea!, pero para amar, querer o añorar hay que tener los pies sobre la tierra, en lo que aterrizo habré de estar estéril, con mi gran corazón resguardado en las tinieblas de la frivolidad.


-¡Los amigos son la base de la felicidad!-
¿Amigos? Sé que la cotidianidad nos brinda "amigos", pero me toca ver que al pasar los días estos se van desvaneciendo como palabras escritas en la arena al subir la marea, ¿Verdaderos amigos? No conozco el plural. Nunca he sido una persona que pueda cohesionar con las demás, los grandes grupos de personas que una vez te sonríen, te tratan con calidez y comparten la cuenta del bar terminan siendo no más que una mera quimera para mí. No he sido tampoco, lo suficientemente frívolo o lo suficientemente humano para no sentirme excluido en grupos, tampoco conservo a mi lado a nadie de mi niñez o adolescencia, lo que me tocó vivir me convirtió en un solitario en ese aspecto, no es que me sienta orgulloso de ello pero ¿que gano con negarlo? me es difícil aceptar a alguien nuevo o querer ser aceptado en algún grupo. Tampoco tengo dinero para salir a hacer amigos. 




Por último debo admitir que ahora tengo el futuro bloqueado, el pasado colgándose a rastras de mis ojos, y el presente como un amasijo de desventura y alegría, el sendero que he elegido para seguir arrastrando a este costal que tengo por cuerpo aunque sangre con cada paso.

A seguir viviendo para no dejar de estar.