Estos días de principio de año empiezan no del todo mal, siendo positivos sigo respirando y con asignaturas suficientes para no pensar en otra cosa por el resto del semestre, mi capacidad de dibujo va en aumento, han habido momentos divertidos en el transcurso de los días y de salud al menos no estoy muerto. El único problema es que no lo vivo. Así es, desde que me levanto hasta que me acuesto y el sueño me empuja al olvido no vivo ni un instante de lo que sucede a mi alrededor, ¿y todo porqué? porque a mi mente le fascina estar ausente torturándome en el recuerdo, en la impotencia y en la desesperanza de todas las situaciones que ocurren a mi derredor, particularmente de una.
Así que esto trae a otro problema, estoy, pero no estoy, al menos no del todo. ¿Realmente es la vida un sueño? porque honestamente si esto es vivir o estar en el purgatorio preferiría subir a la azotea más alta y saltar para despertar de este estado de vigilia; pero no, me doy un par de pellizcones y sé que al menos no estoy dormido. Cuando despierto estoy dibujando, o jugando videojuegos con mis amigos, o leyendo un buen libro, o inscribiéndome para el curso siguiente en la universidad..
Esta sensación de ralentizar el tiempo es nefasta cuando te miro en la lejanía, todos, absolutamente todos se vuelven sombra, el derredor se obscurece y un par de estelas verdes guían mis pasos en un camino de fango. pero claro, esos destellos son prestados, ni siquiera se percatan de mi existencia en este plano maravilloso y desolador que creo en ese instante, ese infierno de precipicios, peligros y desesperanza que significa la desventura de robar la luz de los ojos, siempre disimulando. Debo agregar que me dan ganas de vomitar, desvarío y solo quiero luchar o huir lo más lejos de allí, pero eso es solo la ansiedad.
¿Cómo puede pedírseme que continúe cuando yo mismo soy olvido? - Soy el pasado desgarrador de miles de momentos andando por los pasillos de la pesadilla conocida como mi ciudad natal, mi universidad, la distancia; soy el fantasma alcanzado por mis infinitos fantasmas que deambula entre las lúcidas vidas a su derredor, justo detrás, al lado, o a unos cuantos metros de tí. Soy esperanzas acaecidas, soy gris aferrándose fuertemente a la policromía de la vida para no caer en la negrura de la muerte. ¿porqué? hasta ahora no encuentro esa respuesta.
Ojalá pudiera fundirme con esta eterna melancolía y vivir con ella el resto de mis días, para al menos evitarme el sufrimiento cotidiano. Pero no puedo.
Sé que desde mi momento nunca alcanzaré la velocidad a la que viaja tu cuerpo, y tal vez te extingas a la lejanía de una verdadera estrella de mí. Aún mi corazón se cansa de viajar tan rápido como puede solo para rozarte con una fugaz caricia, darte un beso de buenas noches casi imperceptible. Y aún así no me atrevo a reclamar lo que el corazón grita desesperado, porque a la velocidad que mi vida gira, la velocidad de la eternidad, no se le permite detener el destello de tu andar, el rápido suspiro de haberte tenido en mis brazos, semejante a la cálida brisa de la playa en una noche de verano, no lo suficientemente veloz para negar cuanto se ha vivido, ni para desaparecerte en el olvido.
Te quiero. Aunque me haya quedado atrás por desidia y ahora escarmiento, aunque hayamos sido partícipes de tanto dolor; aunque el ahora haya dejado de ser el ayer, aunque seamos solo un par de extraños, aunque mi calor ahora sea menos que un recuerdo borroso, aunque me odien, me odies y me odie por tanto que se ha dicho, aunque ya no se encuentre nada en esa infinita mirada esmeralda para mí, aunque ya no me quieras. Te quiero.
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-¡Que bello es el amor!-
¡Que bello es maldita sea!, pero para amar, querer o añorar hay que tener los pies sobre la tierra, en lo que aterrizo habré de estar estéril, con mi gran corazón resguardado en las tinieblas de la frivolidad.
-¡Los amigos son la base de la felicidad!-
¿Amigos? Sé que la cotidianidad nos brinda "amigos", pero me toca ver que al pasar los días estos se van desvaneciendo como palabras escritas en la arena al subir la marea, ¿Verdaderos amigos? No conozco el plural. Nunca he sido una persona que pueda cohesionar con las demás, los grandes grupos de personas que una vez te sonríen, te tratan con calidez y comparten la cuenta del bar terminan siendo no más que una mera quimera para mí. No he sido tampoco, lo suficientemente frívolo o lo suficientemente humano para no sentirme excluido en grupos, tampoco conservo a mi lado a nadie de mi niñez o adolescencia, lo que me tocó vivir me convirtió en un solitario en ese aspecto, no es que me sienta orgulloso de ello pero ¿que gano con negarlo? me es difícil aceptar a alguien nuevo o querer ser aceptado en algún grupo. Tampoco tengo dinero para salir a hacer amigos.
Ojalá pudiera fundirme con esta eterna melancolía y vivir con ella el resto de mis días, para al menos evitarme el sufrimiento cotidiano. Pero no puedo.
Sé que desde mi momento nunca alcanzaré la velocidad a la que viaja tu cuerpo, y tal vez te extingas a la lejanía de una verdadera estrella de mí. Aún mi corazón se cansa de viajar tan rápido como puede solo para rozarte con una fugaz caricia, darte un beso de buenas noches casi imperceptible. Y aún así no me atrevo a reclamar lo que el corazón grita desesperado, porque a la velocidad que mi vida gira, la velocidad de la eternidad, no se le permite detener el destello de tu andar, el rápido suspiro de haberte tenido en mis brazos, semejante a la cálida brisa de la playa en una noche de verano, no lo suficientemente veloz para negar cuanto se ha vivido, ni para desaparecerte en el olvido.
Te quiero. Aunque me haya quedado atrás por desidia y ahora escarmiento, aunque hayamos sido partícipes de tanto dolor; aunque el ahora haya dejado de ser el ayer, aunque seamos solo un par de extraños, aunque mi calor ahora sea menos que un recuerdo borroso, aunque me odien, me odies y me odie por tanto que se ha dicho, aunque ya no se encuentre nada en esa infinita mirada esmeralda para mí, aunque ya no me quieras. Te quiero.
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-¡Que bello es el amor!-
¡Que bello es maldita sea!, pero para amar, querer o añorar hay que tener los pies sobre la tierra, en lo que aterrizo habré de estar estéril, con mi gran corazón resguardado en las tinieblas de la frivolidad.
-¡Los amigos son la base de la felicidad!-
¿Amigos? Sé que la cotidianidad nos brinda "amigos", pero me toca ver que al pasar los días estos se van desvaneciendo como palabras escritas en la arena al subir la marea, ¿Verdaderos amigos? No conozco el plural. Nunca he sido una persona que pueda cohesionar con las demás, los grandes grupos de personas que una vez te sonríen, te tratan con calidez y comparten la cuenta del bar terminan siendo no más que una mera quimera para mí. No he sido tampoco, lo suficientemente frívolo o lo suficientemente humano para no sentirme excluido en grupos, tampoco conservo a mi lado a nadie de mi niñez o adolescencia, lo que me tocó vivir me convirtió en un solitario en ese aspecto, no es que me sienta orgulloso de ello pero ¿que gano con negarlo? me es difícil aceptar a alguien nuevo o querer ser aceptado en algún grupo. Tampoco tengo dinero para salir a hacer amigos.
Por último debo admitir que ahora tengo el futuro bloqueado, el pasado colgándose a rastras de mis ojos, y el presente como un amasijo de desventura y alegría, el sendero que he elegido para seguir arrastrando a este costal que tengo por cuerpo aunque sangre con cada paso.
A seguir viviendo para no dejar de estar.
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