Sufro de una enfermedad crónica: el hastío.
Andando por ahí,
en la inmensidad de la rambla
donde el asfalto se prensa desgastadamente con el suelo.
observo desalentado el acontecer de este día.
Miro a mi izquierda
corren desvencijados vehículos
en desenfrenada contienda por llegar a ninguna parte,
repitiendo el ciclo vicioso de sus rutinarias levedades.
Miro a mi derecha y
aparecen numerosas filas de gente
todos y cada uno de ellos exponiéndose en su soledad
tan herméticos y fantasmales
cerrados y prohibidos los unos a los otros
tanto como yo.
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