Una reflexión recién salida del horno, básicamente surgió por un debate en el cual se andaban cuestionando la colocación de la estatua de los fundadores en el paseo de Montejo (Pointless)
Mérida está tan podrido de vergüenza, ignominia y vileza desde lo más interno de sus entrañas. Si muchos hicieran la labor de descubrir, sentirían asco y tristeza al pisar estas tierras; es terriblemente amargo el ver como son laureados personajes célebres que mataron despóticamente a su vez que se erigen monumentos falsos para esos otros quienes fueron horrendamente asesinados por construir los ideales para sembrar la semilla del sentir humano, de la igualdad -La hipocresía se creó aquí, es de espinosa avaricia su figura y de sangre, impotencia y lágrimas su estera -, divisar en las miradas de nuestros hermanos la perenne flama del coraje, paladear el sabor a sangre en nuestra boca al mirar una mata de henequén, sentir el dolor de tantas almas al unísono al rosar las paredes de una hacienda, el dejar de escuchar el susurro beligerante de la insatisfacción, el abuso y la desigualdad para oír el griterío de una carnavalesca proclama de paz verdaderamente silente de argumentos, de razón. No puedo más que sentir una inmensa lástima por quienes defienden el pobre conocimiento de su pasado, de su Mérida diciendo "¿y que pueblo no ha crecido así?", esa gente que defiende su orgullo ciego como animales acorralados o fanáticos que no se dan la oportunidad de observar el ayer para cimentar un mejor mañana. ¿Por qué? Tal vez es el espejismo de la fugaz vida contemporánea, el fruto efímero y embriagador de un trabajo que se acompaña con la infelicidad más que con la evolución humana, el egoísmo de vivir la vida satisfaciendo pasiones vagas en el hacer, solo, simple y vago hacer sin pensar, sin invitar a la reflexión a nada me atrevo a suponer. Ellos, junto a los fachadistas, los conservadores y los que siempre han pisado a sus hermanos para llenar sus impías arcas son los alquimistas que transmutan y han transmutado a Mérida en su anagrama más inmediato (¿deben acaso ser mencionados en esta sentencia aquellos quienes, seducidos por lugares allende el nuestro se alzan con mirada altanera y superioridad vacía hacia todo lo que su pobre nido tiene que ofrecerles, o es demasiado grosero el atrevimiento de tan obvia mención?). Yo, tristemente no conozco la historia de muchos pueblos tanto como la del pueblo en que nací - y debo decir que ignoro tanto aún -, y por eso me nutro humildemente de lo que su pasado y su presente tienen que ofrecerme. A esta ciudad se le ama y se le odia por igual, son tantos los matices que nos ofrece que el admitirse por completo partidario de un lado es una gran falsedad o una gran muestra de ignorancia. La reflexión debe ser invitada día con día y la duda debe ser alimentada con el conocimiento en vez de con la indiferencia, el fanatismo y el escarnio; las sensibilidades no nos sirven, tampoco la pedante sobrecarga de fechas y nombres, es ir más allá, entender nuestra lucha, entender nuestra paz. Debemos despertar la conciencia a lo que sucede, para así poder engendrar una nueva semilla, un verdadero cambio estructural en la historia de nuestro pueblo. No podemos dejar de sentir pena por lo que hemos sido, pero no debemos arrastrar estas acciones a lo que será.
Dio.
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