Escrito el 22 de octubre, espero lo disfruten, como ven, no sigo un orden cronológico jeje.
El día de hoy es de esos, en donde se respira la tranquilidad y la paz en las ajetreadas calles de la ciudad y la nostalgia nos acaricia con la brisa del aire, no se porque pero es uno de esos días de tregua, puesto que a pesar de estar atiborrado de deberes siento tener el suficiente tiempo para relajarme y escribir esto para mí, y bueno, para todos.
Me gusta como se dibuja la nostalgia en la atmósfera de la ciudad, súbitamente las calles son bañadas con esta luz cálida hasta la lontananza, como si fuese puesto ante nuestros ojos un velo sepia, incluso nuestro abrazante clíma nos da tregua, permitiéndonos con su descenso la oportunidad perfecta para poder detenernos a admirar lo que nos rodea, puedo decir que son esas cosas que nos hacen recordar cuan larga es la vida en sí. Todo esto me parece plácido, los preparativos para las fiestas próximas, me hace recordar cuando era apenas un chiquillo y me encontraba con ansias por la próxima reunión de Hanal Pixán en la escuela, cientos de niños disfrutando de la abrupta parada de las tediosas actividades escolares: tareas, exámenes, incomprensible verborrea vuelta abstracta a voluntad de nuestras ensoñaciones; todo cambia para dar lugar a jovencillos vestidos de níveas palomas, la minuciosa y entretenida colocación de los respectivos objetos en la tiránica mesa de la profesora, ahora convertida en altar, el saboreo de diversos platillos traídos por cada uno de nosotros, sea shek, chocolate, pib, atole, pan, ¡relleno negro! y diversos y casi infinitos matices de golosinas tradicionales o no tanto, toda esa infinidad de aromas combinándose en el aire, enriqueciéndolo aún más junto con los suaves vapores de los incensarios. Inmediatamente después de una mañana de juegos, se asoma el momento en el que los pequeñines nos juntamos a contarnos historias de terror y competimos insulsamente por ser el mayor cuenta cuentos de la tarde y el más valiente de todos. Se combinaban historias fantásticas, mitologías ancestrales y experiencias paranormales en un círculo de unos quince niños -porque el resto de compañeros y algunas niñas prefieren asaltar el altar o no soportan aquellas historias tan inverosímiles-, ahora que lo recuerdo me pongo a pensar lo interesante que hubiese sido narrar las fantasías Lovecraftianas o los horrores Borgeanos en esos momentos de alboroto entre ahora perdidos amigos de mi infancia, pero agradezco haber recibido tanta magia engarzada en sus relatos como para quedar fascinado para siempre con los horrores y las historias que retan a nuestra cotidianidad. Después de tanto alboroto no quedaba más que ir a casa de la abuela y seguir disfrutando de todas estas experiencias y sensaciones que se extienden hasta la eternidad al ser evocadas.
Es bello e increiblemente suave el aire de atemporalidad que se respira por estos días en la ciudad, de pasado y presente combinados en una oportunidad eterna de tocar todo los los recuerdos con la punta de los dedos; puedes tenerlo todo frente a tí, volver a vivirlo todo solo con la simple acción de cerrar los ojos y respirar una buena bocanada de este aire que nos rodea.
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